-Durante el siglo XVII, el campo oriental fue una pradera sin límites donde crecía en libertad el ganado cimarrón. Un siglo después, el cuero y más tarde el tasajo fundaron la riqueza del nuevo virreinato.
A lo largo del siglo XVIII comenzaron a diferenciarse distintos tipos de estancias en la Banda Oriental, que podríamos clasificar utilizando diversos criterios: su tamaño (desde enormes latifundios a "suertes" modestas); su situación legal (con título de propiedad o sin él); el lugar de residencia del estanciero ("ausentista" o residente en la misma estancia); el tipo de explotación (vaquería o rodeo). Si bien se dieron varias modalidades de combinación, hubo algunos perfiles de estancias y de estancieros predominantes: grandes comerciantes-latifundistas residentes en Montevideo, que mandaban partidas de changadores durante un par de meses por año a "vaquear" a sus rinconadas en busca de cueros para el comercio, por un lado; estancieros "civilizadores" que residían en las estancias con sus familias, y que junto a sus peones levantaron corrales y viviendas y comenzaron a capar, engordar o marcar, por otro.
"La estancia grande es como el lazo, la red o el señuelo donde se atrapan los animales. Mientras mayor es la estancia más coge y mientras menos gente y ganado manso hay en ella más entra el cimarrón; y mientras el estanciero pobre vela de noche alrededor de su ganado, mientras marca y castra los novillos a fuerza de jornales, el hacendado rico pasa en blanda cama sosegado, guardando el tesoro que ha ido sacando de su estancia". Noticia anónima de 1794 publicada por Rogelio Brito Stíffano.